Ráquira: o el barro hecho artesanía
No en vano es el municipio artesanal por excelencia de Boyacá. Más de 500 familias se dedican a la alfarería y la cerámica, trabajadas con arcilla y barro.
Ráquira es un pueblo de olleros. Así se lo endosa el folcior local, que le atribuye cualidad de ciudad del sol a esta lo calidad de la parte alta de la provincia de Ricaurte, donde cada metro cuadrado está ocupado por un artesano que moldea con sus manos bojotes de arcilla, para convertirlos en burros, marranos, pocillos, chorotes, ollas, etc.
Visitar este municipio tiene atractivos adicionales, pues la ruta para llegar tiene una varia da oferta que vale la pena aprovechar...
Basta con tomar en Bogotá la Autopista Norte, rumbo a Tunja, y luego hacia el occidente a Chiquinquirá Siete kilómetros antes de Sutamarchán, por la vía principal, hay un desvío de dos kilómetros que conduce a un criadero de avestruces (en jurisdicción de Sáchica)
La siguiente escala, a 15 minutos por la carretera principal es en la tierra de la longaniza, Sutamarchán. Allí se puede almorzar en uno de los ocho restaurantes apostados a lo largo de la avenida principal, que tiene este embutido como plato principal en su menú.
De allí se va a Tinjacá, donde está ubicada la tienda artesanal de la familia Bonilla, una de las pocas de la región que talla la tagua. Y a cinco kilómetros está La Y, sector por donde se desvía hacia Ráquira, bautizado así hace 500 años por los españoles (significa pueblo de olleros), al observar la destreza de los indígenas para la alfárería y la cerámica, con base en barro y arcilla.
Una tradición que aún perdura en las manos de unas 500 familias, las cuales emplean técnicas de colado, apretón o torno de barro cocido para fabricar útiles y pintorescas piezas al natural, incluyendo imágenes religiosas (como las vírgenes de Rosa Jerez).
A estos objetos también les dan acabados en colores, aun que esta técnica es más característica de la cerámica (con arcilla cocida).
¿Dónde comprar?
La mayoría de calles del casco urbano de Ráquira está colmada de almacenes que venden artesanía característica de diversas culturas (paisa, santandereana, cundinamarquesa, tolimense y nariñense, entre otras), pero en la oferta predomina la típica de este municipio, en el que también ofrecen tejidos de esparto, fique y lana.
En los anaqueles de más de sesenta locales de comercio artesanal hay productos que cuestan desde 300 pesos (pocillos aguardienteros), hasta 10 mil o más (vasijas de barro según tamaño).
Además, si está interesado en conocer el proceso, puede visitar los hornos de cocción en cuatro veredas a las que se llega con relativa facilidad si no está lloviendo. Allí se trabaja tanto el barro como la arcilla. Y Asomuiscas (asociación de artesanos) ofrece talleres demostrativos.
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domingo, 8 de junio de 2014
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